miércoles, 18 de febrero de 2009

viii


Su hijo lucía una senyera pintada en el rostro. Lo ví exaltado, acompañando las arengas de sus padres, sordas en el bullicio imperante. Imaginé su acento madrileño viciado de catalán y porteño vitoreando al pequeño maravilla: "¡Venga, carajo! ¡Píntales la cara, nen!", y no pude más que sonreir.

No hay comentarios: